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viernes, 15 de marzo de 2024

De este lado del vaivén pendular

De este lado del vaivén pendular,
rubicundo, de ti fui tierna presa;
de trino y aleteo
fecundos, que horadaron mis defensas,
con promesas de hogar,
de pétreo nido, fosos y portales,
lientas intimidades,
de puente levadizo que, ya izado,
consumó dulce viso de himeneo.

Ya en nupcial lecho de mentida estirpe,
de leños vástagos de tal encina,
que don rojo lustroso
presentara ante dama primitiva,
llevando a caída insigne;
en hondo lecho undoso nos batimos,
cruzando dos las lanzas, fenecimos,
si no en cuerpo, sí en gracia,
trocada por senderos amorosos.

Si previsto yo hubiera
constante demudar de la fortuna,
señales de tal cambio de marea
que, prístino, lo inerte siempre exuda;
visible, no ya a exégetas
porfiados, mas a simples caminantes
o jinetes; si atento, más que amante,
del péndulo sintiera su reflujo,
no habría sucumbido a vana tea.

De aquel lado del vaivén pendular,
mi reino yace en ruinas cenicientas;
mis landas, con un brillo mortecino,
se han tornado en inhóspitas malezas
que, crueles, favorecen crudo errar,
hondo rumiar cansino,
apátridas barruntando un estío,
que a lo lejos perfila
sus contornos, sin llegar, siempre esquivo.

Cuando es, de suyo, hora
de eterno devaneo vagabundo,
justo hállome entre muros impedido,
pasillos impregnados de susurros
cargando tu memoria dolorosa.
Y fue emerger, jadeante,
abrir de par en par recios portales,
hallar compadre equino tras el puente
fue a errar lanzarme, fiado de tu abrigo.



sábado, 30 de diciembre de 2023

El lobo y los corderos


Que en las de mundial morada
estival postrimería,
ya por santos anunciada,
que ya idas mientes sentían...

Aquel último grillete
en vitoreando arrojamos
al pretérito vacío,
anunciando era sin reyes,
pastando sin leones gamos,
así, en soberano limbo...

Mas, ay, tomamos vil lobo
por manso y afín cordero.
Abrimos, a aquél, no probo,
puertas, en gesto sincero.

Y entrando mentida Hespéride
con promesas y señuelos
a innoble limbo anhelante,
trocamos por intemperie
mortal choza de sosiego,
por necio destino errante.

Esteparia marcha austera,
entre cardos que suscitan
nostalgia por verde ëra,
promesas que ardor excitan.

De inmortalidad promesas
fueron, ante privaciones
por doméstica orfandad;
fueron nutricia dehesa
para ganado hoy insomne
preso de lobuno arrear.

Dorado seductor fruto
empuja andar zigzagueante,
si por ficción, resoluto;
por desespero, reptante.

Sinrazón nos encamina
hacia jardín ya no extante*,
entre hercúlëos delirios.
Pues si aquél halló áurea encina,
si engañó a sufrido Atlante,
vedado nos es lo olímpico.

Acompañan procesión
mortal, terca, desgraciada,
paladines de blasón
lobuno, de honra quebrada.

Jurados a reales votos,
desgarrados por ideales
trastocados e incumplidos,
aquestos hombres devotos,
para deberes marciales,
portan vil filo torcido.

No se hace, de chuecos medios,
nada recto ni moral;
son, pues, filosos remedios,
socorro, a ímprobos, mortal.

Y al galope, así, marcamos
funesto al vulgo sendero
hacia risco enseñoreante.
De lobuno soberano
es vasallo nuestro acero
que arrea hacia abismo ondeante.




*Extante: me tomé la libertad de introducir otro anglicismo, esta vez una traducción directa de extant, en inglés, palabra que a su vez proviene del latín, y que significa algo así como "existente" (para que no me acusen de cipayo).

viernes, 24 de noviembre de 2023

Conquistado por el llanto, seguí tus sombríos pasos


Conquistado por el llanto,
seguí tus sombríos pasos,
que en espiralada ruta
llévante a celeste altura,
pétreo y sacro mausoleo,
para cobijo postrero.

Terca guías procesión,
leva de, de tu pasión
vasallos, hoy compelidos
por votos no, por motivos
inquebrantables, sagrados,
que son amicales lazos.

Con serena expresión guías
procesión que por estima
siguiérate por desiertos
batallas y desaciertos,
pero que tiene por meta
cima de monte certera.

Castigamos, abatidos,
el pedregullo sumiso
en marchar mudo y constante
del que por hoy te libraste:
quien fuera guía enardecido,
carga ës hoy para amigos.

Grises muros nos rodean
que, años hará, tu vencieras,
con ingenio y volición.
Muros vénganse de ardor
tuyo, pasado; hoy tu cuerpo
de piedras será cubierto.

Por empinada escalera,
pesadumbre, aún sincera,
cede a mundanos afanes
que son nuestros caminares.
Con oprobio te imitamos:
tú, que ibas grácil cual gamo.

Pues no te impedía altura,
no era el miedo tu censura
para hacerte de victorias,
llama divina que es gloria
que, mediano Prometeo,
nos compartiste, sincero.

Dentro, por piedra engullidos,
nos lleva lumen esquivo,
llama frágil, que vacila,
que corazones no abriga,
que es torpe émula de antorcha,
tuya, expulsora de sombras.

Si ora fuiste faro de almas,
si de quietudes estancas
nos arrojaste a victorias...
Si desdeñaste memorias
cabalgando inextinguible,
tú, ilustre entre adalides...

¿Por qué callas instrucciones?
¿Cuáles esconde razones
tu hostil y muda frialdad?
Tu silencio es, si veraz,
crueldad inerte. ¿Castigo?
De reproches sois esquivo.

Aquí, ëstrellas flaquean
y los pasillos se arquean
con caóticos propósitos.
Ya devaneamos, expósitos,
guía brújula contrahëcha,
mas la demanda es certera.

Anuncia último peldaño
portal recio inmune a asaltos,
que vulgar llave resiste,
y cejando, tras embistes,
derrotados de humedades,
que vuélvenlo inexpugnable...

Con desazón ponderamos
muro delante engoznado,
con precisas talladuras,
enchapadas, que armadura
son de impávido guardián.
Narra inscripción sin hablar:

Cuenta de cruenta batalla
al pie de las atalayas
de Terrabil, gran castillo,
bajo asedio de enemigo
rey, de Arturo, que fue Nero,
que a nuestros no dio sosiego.

Nero guio a reyes doce,
que, de pueblos conductores,
atenazaron a Arturo,
que entre diez huestes se tuvo,
y enfrentó con otras tantas,
con sus vasallos en armas.

Ayudado por Merlín,
aquella lid fue festín:
volaron cabezas trece,
las de Nero y doce reyes
y, descabezada, tropa
huyó sin norte ni pompa.

Así, cual hormigas, vamos,
sin rey que, fogoso guiando,
ponga fin al desconcierto.
Dejamos nido deshecho,
feneciendo en desamparo,
entre lamentos marchando.

Sobre esto orfebres tallaron,
más los tiempos apremiando,
recuerdo mutó en vigor,
mancomunado pujó,
dando a la puerta revés,
conseguimos de ello prez.

Y emergiendo en mausoleo,
bajo caricias de Febo,
dejamos querido fardo,
para su eterno descanso,
en frío lecho rocoso,
digno de durmiente probo.

Silenciosos lo rodeamos,
descansan dolidos brazos,
ojos puestos en sereno
de esta expedición objeto,
espejo roto ë inerte,
que a llantos nada devuelve.

Suben miradas, y hällan
cuencas aún animadas
que comparten en silencio
recuerdos de tí, Artemio,
que, fragmentado, aún pervives,
guiando mudo a porvenires.



martes, 24 de octubre de 2023

Levanteme embriagado de retozo


Levanteme embriagado de retozo

sobre mullida alfombra

verde, de natural eterno orfebre,

bajo apacible sombra

de arco, de hojas adornado, frondoso,

con robustos pilares enraizados.


De pie, al son de emplumados cantores,

contra el pilar, mi lanza

descansa sin temor,

de tanta paz, tornada roma y mansa.

Mi rocín busca en los alrededores

sustento que solía ser mi alfombra.


Doy pasos, que no son marcial desfile,

al compás no uniforme del bostezo,

libre de cuitas, carente de norte,

de demandas de barriga poseso,

que previenen que mente despabile.

Fuera de mí pereza, me detengo.


Miro en mi torno, ya libre de Orfeo,

mas preso de grilletes

nuevos, que son hambruna,

ojos guían a naturales banquetes,

ayer prestos a saciar mi deseo,

mas, veréis, demudados, cruel fortuna.


Los pies, no alados, muevo,

los ojos fijos en verde sustento,

y en mundano arrastrarlos,

ambos dan con guijarros, que portento

son del arroyo del que ahora abrevo

como árbol, a través de mis raíces.


Observo ya con ansias

verdes dones que de pilares penden,

sustento, como ayer, de mis caprichos

que, insaciables, que porfiados, propenden

al derroche de ocio que es mi estancia

en vergel que traiciones no albergaba.


Arranco higo con manos

que, suaves, muestran falta de rigores,

mas cruelmente lo que fue uno dos hacen,

y a enraizado pilar causo estertores.

Rencorosos, quienes antes ufanos,

quítanme sombra a cambio de este fruto.


Despedazo verde higo con mis dientes,

y si es visual quimera seductora,

ya próximo revela

apariencia de sentidos traidora,

negro tesoro y más agrios presentes

a paladar de agravios inocente.


Arrojo falso fruto,

que en suelo, fenecido, podredumbre

revela a mis sentidos,

y con hambre aparece pesadumbre.

Quien fue manso vergel, ya vil y astuto,

déjame abandonado y sin cobijo.


Desenvaino hoja,

tembloroso, y deambulo,

tormentoso cielo en ciernes, y bosque

lesivo por igual; sin disimulo

a correr lánzome; se sobrecoja

quien viérame en tal modo.


¿Por qué se halla así, insomne, abandonado,

quien antes tan apacible holgara?

Alzando ojos, encuentro, de silencios

panteón vil festoneado, que separa

de vergel mi persona, arrojado

A mundo hostil y espurio.


Descubro, que existiendo, a cielo injurio,

en retozando, ingrato, de tal modo,

que con tardías plegarias, no corrijo

pecado original en mí patente.

Por dicha antigua en luto,

por aquello que ayer no valoraba

y que de simple mudó en mil carices,

confusión para quien, suerte ninguna,

sin valor su abolengo,

entre espinos y sombras,

deambula eternamente castigado

jueves, 19 de octubre de 2023

Que en duros riscos intenté infructuoso


Que en duros riscos intenté infructuoso
extraer de roca hoja rutilante, 
que encontreme límite,  cavilante.
Que cejé y retrocedí, pesaroso.

"Dará por libre roca a su cautiva, 
ante mano viril de Lanzarote."
Leí rocosa sentencia cual azote, 
resigné que otro mis dones reciba. 

Insomne me hallo,  ante sombra no nata 
de héroe ignoto que mi gloria opaca.
¿Por qué porfiar sabiéndome segundo?

Ser lumen único es cosa insensata, 
más verme en constelación es estaca
para quien fuera ayer sol de este mundo. 

sábado, 7 de octubre de 2023

Díscolo insensato



Díscolo insensato, de este mundo abjuras, 
Felisberto, tú, reacio al alborozo,
tan dado al encierro y a tus libros, 
tan ajeno al inconsciente gozo.

Aprendiste en claustro duros silogismos, 
desdeñando, por mundanos, placeres. 
Haces tuyo el arte de los signos, 
sabios dichos de antiguos profieres. 

Transitando de tinta laberintos,
faltaste a votos y deberes marciales. 
Haces de mi voz crasa omisión, 
por ti, tu amado par sufre males. 

Y si en poco estimas míos padeceres,
tenme por nuncio y ábreme portones. 
Te traigo familiares misivas, 
señoriales retos y razones. 

Si mundanas son para ti estas tintas, 
lastre espiritual; así, devaneos 
tus libros tratan, y aún profanos. 
Por tan poco descuidas aseos. 

Mester de intelecto carnes debilita, 
artístico lienzo que por negligencia
arruínase en encierro infértil, 
destruye objeto de mi querencia. 

Sabios mundial orden orquestaron, tres
estamentos, sabes, cada cual sus mieles: 
unos al suelo, otros los cielos, 
nosotros las armas y corceles. 

Desoyes mundial concierto, obstinado, 
cuando clericales labores adoptas, 
mas rehuyes de votos sagrados
y por soberanos modos optas. 

Sin ser rey sos libre, o así te comportas, 
mas votos te obligan, cumplid cual vasallo. 
Y si a este nuncio afligido ignoras, 
mortal hoz segará vital tallo. 

Derrotado, cejo, mi asedio repliego, 
tu demencial torre yace inexpugnable. 
Deponiendo retóricas armas
atiendo tus razones, amable. 

Rumiar recursivo, tuyo, entre papiros, 
tras verdad esquiva, transitando mapa,
que abstrae no real geografía, 
que, lógico grial, mientes atrapa. 

Inveterado orden descendiendo extirpas, 
nadas suspicaz por entre sofismas, 
trocas realidades por argucias, 
naufragas en abstractos marismas. 

Desnudo de creencias, en derredor miras, 
fantástico entorno que sin ley concibes,
mundo, antes habitual, hoy extraño, 
que quimérico y sin rey percibes. 

¿Quién prodiga tal dichosa bonanza? 
¿Quién provee banquetes, quién las mieses sega? 
¿Quiénes tejen ropajes y sinos? 
¿Quiénes cargan del campo fanega? 

Vivimos en mieles, en trance, adobados, 
los hidalgos en ciega algarabía. 
¿Quién repone lanzas que, justando, 
quebramos, con qué fin se porfía? 

En gesto mortal retraes juramentos, 
al rey desconoces, repetirlo temo, 
¿Quién ha visto a Arturo en patrios suelos? 
¿Es que tenemos por rey a nemo? 

Es ora ilusión, ya juego de espejos, 
maquinación vil, afirmas, de genio, 
somníferos grilletes que apresan, 
de tales te libras con tu ingenio. 

Tus osados dichos trémulo me dejan, 
Felisberto, por afrentas ya reo. 
Mientras hablas siento estremecerse
muros, suelos, de aposento ateo. 

¿Cuál pagaréis precio por tu epifanía?
¿Cuál valor verdad, si a su causa, abyecto,
mal aseado, díscolo, y aún, débil?
¿Dónde, quien fuera antes circunspecto?

No cuestionéis dulce quimera, insensato,
canto seductor, aún si de sirena,
melodía a la que, armoniosa,
me entregara sin ceras ni pena.

Libre de vendajes, vero mundo ante uno,
No habría certidumbres, mapas, mandamientos,
¿Por qué hollar océanos ignotos,
dejar tierno hogar por nuevos vientos?

Infructuoso oleaje mío lame tablas,
que, de tu navío, sensatez rechazan.
Impotente espuma, mías lágrimas,
observa velas que rutas trazan.

Sin razones para mudar derroteros,
No aplazaré de anclas insensata leva,
Y aunque invítasme a demencial viaje
familiar, si falsa, elijo, cueva.





jueves, 5 de octubre de 2023

El pabellón y la fuente: corrección

Si por ventura sois esforzado caballero,
Habéis de escuchar y aplacar mi duro lamento
o no beberéis de esta fuente. Es mor* curioso
del maravilloso país que es este suelo.


De haber visto mi anterior sosiego, en maravilla
Del buen justar, ir de aventuras, romancear trémulo,
tal como cabía para honrar en su medida
al eterno, y por Arturo presidido, feudo.

Vivía extasiado, de perderme, como en sueño,
Entre árboles danzantes y delicias sombrías.
Besar la de Lanzarote mano hacía olvidar
cualquier inclemente vituperio de la vida.

En alguna fortuita expedición,
ciego a traiciones crueles y acechantes,
erré sin rumbo y, así, lo perdí,
del todo rodeado por rojos arces.

Pero era y no era una la floresta,
sino barro de hojas mustias por suelo,
Sino que mudo el canto de los pájaros,
condena eterna, ubicua, sin consuelo.
 
Si antes viril mano, vigor pujante,
Espadas, tronos, palafrenes, juegos,
ahora ceniza informe, torpes huesos,
inútiles lastres de áureo imperio.
 
Sin juicio, corrí en llanto y dando voces,
que más que voces, eran alaridos.
No alcanza vida para eterno duelo,
por este áureo imperio con mortal sino.
 
Funesto bosque con visión me agravia,
Me revela portento tremebundo.
Y en mi torno, al regresar pavoroso,
Carcajadas, azotes y rebuznos.
 
Que este dulce mundo de cesar haya
Es visión que enloquece y que es estruendo
De tal modo, en toda mano que beso,
no beso sino ceniza y hüeso.

Habréis de sosegar a don menguado,
Nada sosiega a un corazón, como afín
Que en concordia lo acompase. Así pues,
En mi pabellón, conmigo, hoy, dormid.

Algunas aclaraciones pertinentes

Estoy reescribiendo algunos de mis primeros poemas, en este caso el primero de todos, para regularizar la métrica, ya que aprendí varias cosas en estos 2 meses escribiendo. Unificar, donde se pueda, sílabas por verso, rima, cantidad de versos por estrofa, intentando no cambiar tanto el poema original. En este caso, tuve que hacer varios retoques, por lo que mantuve la versión original.

*mor: palabra parcialmente inventada, tomada del latín mos, moris, que significa costumbre. Ver también moeurs, en francés, y mores, en inglés.

jueves, 28 de septiembre de 2023

Del todo desconoce flor mundana



Del todo desconoce flor mundana,
que puebla ufana montes y praderas,
vueltos al sol sus pétalos,
del áureo astro émulos,
a todos ojos, espuria maleza,
solipsista fragmento en mundial piélago,
ciega al flagelo que tú aguardas, trémulo.

Dichosa y rozagante flor lozana,
en sorda disonancia con su mote,
por vulgo bautizada
colmillo de felino acechante,
que poco sabe de marciales dotes
o de falsas palabras
de tu boca, de mi ïra causantes.

Si tu rostro no hubieras escondido,
fementido y rüin,
tras fintas y cortinas palaciegas.
Si a la luz revelaras,
como pétalos dan al sol festín,
designio de mil tretas
que, tuyas, corazón mío atenazan.

Si ësto hicieras, si, como achicoria,
que, amarga, al paladar
sus notas ya revela, indiferente
(con temple vegetal,
a insecto o faisán),
te ähorraras mi galope estridente,
te guardaras de mi cruento alancear.

Así, el mundo imperturbado sería,
mi flor silvestre, ignota,
sin ser pienso de cascos de mi equino,
y tú, libre de rüina,
de verte castigado por tu estofa,
de hacer tributo al suelo de intestinos,
si no hubieras tributado a esta inquina.

Vano es lamentarme,
no cargo yo mi lanza, son los hados,
soy efecto de causas insondables,
cual flor, que nada inquiere,
cual Eolo, que inenarrables daños
en navíos provoca, imperturbable,
así mi lanza tus carnes requiere.

Consumado el desagravio, ya apeado,
examino el naufragio resultante:
la achicoria, ahogada, que no supo
ser león, sino presa,
tú, que, en regando sangre,
a quien tanto dichosa se mantuvo,
traes ruina y en tu rojo sino enredas.



martes, 19 de septiembre de 2023

Siguiendo al blanco zorro


















Siguiendo al blanco zorro
me interné en la floresta.
¿A tu amigo remembras?
Sé que parezco otro.

El abedul tornábase
morado, entonces vi
al zorro, y pues corrí,
embriagado, en su caza,
no importándome nada.
La floresta burlábase.

Deja tu espada, amigo,
sentaos y oid mis cuitas,
de una historia fortuita,
serás pronto testigo.

En persecución fui,
cegado por leyendas,
tras no pocas reyertas,
quedé sin escudero,
amigos ni destrero,
que inútiles sentí.

Florido recorrido,
manso y tierno vergel.
De aquél ya me aparté
por senderos sombríos.

Albina presa guía
por arduos derroteros,
mil lunas sin sosiego,
mas grande recompensa,
dichos de sabios rezan,
espera a quien porfía.

Disculpa mi ambición,
si por blanco espejismo
rompí lazos queridos,
perdí toda razón.

Prosigo mi relato:
dañado por espinas,
la forestal inquina,
para el soma castigo,
despojome, vacío,
de ropaje y pasado.

Si carnes purifican
enraizados azotes,
de las mientes, entonces,
negros yuyos extirpan.

Así el bosque dejome,
desnudo e inocente,
blanco zorro patente,
tan cerca y aún lejos,
por su captura ciego,
delante un llano informe.

Ya tarde descubrí,
hambriento y sin pertrechos,
aquel hades maltrecho,
mas, insomne, corrí.

Danzan flores carnosas,
gimen pálidas torres,
tierra erupta estertores,
remembro como hoy mismo,
cielo quebrado en sismos,
llámanme negras fosas.

Y aún aquí no termino,
mas si es inverosímil,
comprende, no hallo símil,
para esto percibido.

A través del cruel limbo
guíame el zorro impávido
bajo duros agravios,
fieras, truenos, relinchos,
sólo de mí vestigios.
Ante tal torre, ínfimo.

Marmórea en su esplendor,
Férrea confina el limbo
Guarda sus señoríos
Del caos destructor.

De los ojos, asoman,
de la torre, afligidas,
miradas compasivas,
unas, damas, aquéllas
ancianas o doncellas,
por mi razón entonan:

"No malgaste esmeros,
renuncie a esta aventura,
con corporal clausura
pagará insomne acecho."

"Poco os han de servir
glorias inmateriales
si por harto vejamen
como tantos hidalgos
acabe usted finado.
Será verlo y plañir."

Sensateces enuncian,
mas me hallo condenado
por masculino enfado,
ladina y blanca argucia.

Dejo detrás, rengueante,
Duro mármol, sollozos,
por llano trabajoso
con pisoteadas trompas
yermas, ya no canoras,
fríos cuerpos serpenteantes.

Non fuyades, ya braman
dementes moribundos
que, batiendo sus puños,
mis dolidos pies dañan.

En sus rostros sin cuencas
vislumbro mi futuro,
pero los sé perjuros,
pues, débiles, cejaron,
y en esfuerzo inhumano,
traspongo escena cruenta.

Podría seguir años
relato laberíntico
que, en circular desquicio,
devuélveme a este claro.

Así me hallo, amigo,
atrapado en delirios,
pues me dices, sin vicios,
que no hay zorro embustero,
que por propios entuertos
quimeras yo persigo.

La verdad no es consuelo
de incumplidas promesas
que rüina fomentan
sueños que aún anhelo.

Desenvaina, querido,
he mudado de mente,
mude tu hoja mi suerte,
en último favor,
que el bermejo estertor
me extirpe el zorro esquivo.




Minions